SOLI DEO GLORIA

"Soli Deo gloria", es decir, a Dios sea toda la gloria por cuanto Él es el autor y consumador de la salvación. Fue Dios quien llevó a la persona a Cristo (Juan 6:44) el Espíritu Santo quien convenció de justicia, pecado y juicio (Juan 16:8) y Cristo murió por nuestros pecados (1 Pedro 2:24). El hombre ante esta realidad no tiene de qué jactarse puesto que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo hicieron su obra, no fue el libre albedrío del hombre o su propia decisión que lo salvó ni tampoco la habilidad de convencer del predicador para que las personas se conviertan, sino que fue porque Él tuvo misericordia de quién quiso (Romanos 9:16). Por lo tanto, toda la gloria de la salvación es para Dios.

 Esta doctrina también enseña que todo en cuanto el hombre haga debe ser para la gloria de Dios. El catecismo menor de Westminster comienza con la siguiente pregunta: ¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre (Ro. 11:36; 1 Co. 10:31; Sal. 73:25,26).

Encontramos también en 1 Corintios 10:31:

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.

¿Cuántas veces cuando hemos tomado un vaso de agua y diciendo que es para la gloria de Dios? Si hasta en esos detalles debemos glorificar a Dios, cuanto más nuestras vidas, matrimonios, relaciones familiares, personales, nuestro trabajo, estudio, ministerio, etc. deben ser hechos para la gloria de Dios.

Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. Apocalipsis 4:11

¡Así es amados! Él ha creado todas las cosas, aún la luz del sol que brilla, el aire que respiramos y todo lo bueno que tengamos provienen de Él, por su misericordia y bondad. Aun las pruebas y malos momentos tienen un propósito dentro de sus planes, como menciona Pablo “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Él es digno de recibir toda la gloria “si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos” (1 Pedro 4:11). “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”. (Romanos 11:36).


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